El singular peso del silencio
Dócilmente peregrina por el camino que le ha trazado la mano del destino. Sin una sola queja enfrenta los avatares que le han sido impuestos y se mantiene sobre el rumbo señalado con la misma actitud resignada, de quien no espera nada. Es capaz incluso de dar gracias porque estos eventos no representan mayores dificultades y en esa suerte de destino que le ha tocado, no padece ninguna enfermedad que revista gravedad. Sus días suelen ser tediosos y hasta rutinarios, pero nunca iguales. No se vuelven a repetir con la misma exactitud y aunque la acción en apariencia sea la misma, sutiles cambios lo obligan a insistir en la torpeza de sus propios errores. En cambio, bajo el riguroso examen a que somete sus actos sus noches son exhaustivas y transcurren en una minuciosa revisión de mínimos detalles. Bajo ese microscopio, bajo esa lupa de imágenes totales, adivina enemigos en las fantasmales sombras que crecen entre grises y revisa bajo el peso de la angustia creciente los intolerables erro...