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El singular peso del silencio

Dócilmente peregrina por el camino que le ha trazado la mano del destino. Sin una sola queja enfrenta los avatares que le han sido impuestos y se mantiene sobre el rumbo señalado con la misma actitud resignada, de quien no espera nada. Es capaz incluso de dar gracias porque estos eventos no representan mayores dificultades y en esa suerte de destino que le ha tocado, no padece ninguna enfermedad que revista gravedad. Sus días suelen ser tediosos y hasta rutinarios, pero nunca iguales. No se vuelven a repetir con la misma exactitud y aunque la acción en apariencia sea la misma, sutiles cambios lo obligan a insistir en la torpeza de sus propios errores. En cambio, bajo el riguroso examen a que somete sus actos sus noches son exhaustivas y transcurren en una minuciosa revisión de mínimos detalles. Bajo ese microscopio, bajo esa lupa de imágenes totales, adivina enemigos en las fantasmales sombras que crecen entre grises y revisa bajo el peso de la angustia creciente los intolerables erro...

El otro, siempre el otro

Cada día la sorprendente cadena de intensos afanes me empuja a un remolino al que entro desprevenido. Cada día soy el mismo y también, aunque suene a disparate soy otro. Otro, que a veces me sobrepasa. Ambos enfrentamos con decisión la actitud de desaliento, actitud que sabemos intenta abatirnos, a mí, y también, por supuesto, al otro. Al otro le basta un segundo apenas para brillar y no   pretende suplantarme, el fulgor de un instante le es suficiente. El otro cultiva la paciencia. Desde la aguda esquina de la lógica y la razón se puede mirar con cierta nitidez al que soy y también al otro convertido en mi avatar. Estoy seguro que el otro me empuja a realizar actos temerarios con el fin de vencer mis miedos. Pero creo ciertamente, que las intenciones son diferentes en cada otro, pareciera que esa esencia que nos posee es también capaz de llevarnos a realizar acciones decididamente contrarios a la generosidad que   caracteriza al ser humano.   Hoy los hechos me con...

032020

- Un año más - Me acerco al límite, a la frontera de espinas y maderas. A la larga despedida. -Gastados los sentidos- No distingo la letra menuda Y tampoco oigo la frase falsa. Acepto a cambio con gratitud: mirar desde lejos el andar de fanáticos idiotas y oír con sonora claridad el murmullo de los afectos.

La Mañana

Es inútil esta tenaz   y obstinada insistencia de arañar el futuro en busca de certezas. La mañana se levanta asistida con muletas sobre huellas difusas, distorsionadas por esos vientos inconstantes que soplan desde mares erizados de angustia. La mañana envuelta en esas brumas  viene a despejar la incógnita del miedo y no lo logra. Queremos mirar más allá de donde alcanza la vista  y no es posible.  Reacios. Rebeldes. Resistimos.  Erramos.

La imaginaria línea de mis certezas

Me convertí en víctima de una perversa práctica criminal. Hace quince días el azar me señaló como objetivo probable y a las diez de la mañana tres desconocidos me empujaron dentro de un auto. Sin ser un genio, con algo de astucia, logré deshacerme de la cartera y del teléfono. Iniciamos entonces juntos un recorrido desquiciado por una ciudad que conozco bien, pero mirada a través del caleidoscopio del miedo la encontré extraña y sin alma. Con terquedad temeraria soporté los insultos, la violencia de los golpes, las amenazas de muerte, y logré convencerlos de haber sufrido un atraco momentos antes y por eso no tener cartera ni teléfono. Esa ingrata experiencia se ha convertido en maldición permanente y ahora soy prisionero del miedo. Vivo encerrado en mí casa, resguardado por estas paredes y esta puerta bajo llave permanente, desde el objetivo de mi cámara fotográfica espío detrás de las ventanas a posibles delincuentes, o futuras víctimas. Intento establecer una operación mat...

Noche de héroes

No soy escritora ni periodista, pero estoy obligada a contar esta historia para hacer público a un héroe anónimo de la Caracas en Estado de Sitio en la que vivimos. Estamos en el año 2014. Carlota Estilita Mujica es mi madre, vive sola, y a sus 89 años se abstiene de cumplir con su deber democrático y no participa en manifestaciones ni tampoco en marchas. Intenta con esta actitud salvaguardar la vida. Las manifestaciones son atacadas por colectivos armados del Gobierno y también por la Guardia Nacional quienes disparan a los manifestantes sin contemplación alguna, con la desesperada aspiración de destruir la disidencia. Inevitablemente, una y otra vez, la violencia ejercida por el Estado criminal es derrotada con ingeniosas pancartas, que medios de prensa internacionales recogen y recorren el mundo. Los letreros señalan la violenta represión, la falta de alimentos y medicinas, el cinismo de un presidente extranjero que gobierna la República, la permanente injusticia, los asesinatos....

02-2020

Mi mano, acostumbrada  al peso de tu pecho, sostiene extraviada un dispositivo inteligente. Aquí, en estas márgenes, en estas orillas difusas me aguardan imágenes ajenas, fugaces impulsos. Imprevistos. Aquí convergen ríos intransigentes, manoseadas corrientes, que jamás se detendrán a contemplar  como yo lo hago: el peso de tu aliento el volumen de tus palabras, o cuánto crecen tus cabellos,  y todavía, mucho menos, el hondo sonido  de tus menores deseos.