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Mostrando las entradas de diciembre, 2021

Un aguacero inconveniente

    Gruesas gotas rompen el cielo y de improviso, las calles y avenidas de la ciudad se convierten en pozos, en charcos y hasta en lagunas. El viento y el frío se ensañan contra los indefensos pies de Catalina, que apenas cubiertos por unas sandalias de verano, enfrentan esta imprevista e insólita tormenta, La lluvia sorprende a la desprevenida Catalina, que en mal momento se quedó sin empleo y no le alcanzó el dinero, ni el tiempo, para comprarse unos zapatos que le permitan enfrentar esta contingencia. Catalina hace un  intento vano de apartar con las manos, las gruesas cintas de agua que empapan sus ropas, mojan los cabellos, encienden las luces del pecho y caen a chorros sobre sus inocentes, desnudos y desprotegidos pies.  Desde los dedos, el empeine, los talones y el tobillo, se mete en los huesos de Catalina un frío de espanto, que espesa la sangre y enturbia el pensamiento. Catalina, entumecida, está a punto de parálisis en medio de este inconveniente aguacero. Catalina quiere h

El negro Castro

  El negro Castro Quienes conocen al negro Castro, aseguran, que es una hombre obstinado, en cambio, el negro Castro piensa de sí mismo, que él es una persona totalmente centrada, enfocada, y afirma, con convicción, que es una cualidad poco común la que él posee.  La imagen que tenemos de nosotros mismos es diferente a la que refleja el espejo en donde nos miran los otros, desde ese espejo ajeno, la imagen repetida no es idéntica, tiene sutiles variaciones que la hacen diferente e incluso, en oportunidades, la imagen puede ser contradictoria. El negro Castro muestra el Cangrejo de Oro a quienes lo acusan abiertamente de testarudo. El Cangrejo de Oro es un premio otorgado a quienes logran resolver complicados y difíciles casos policiales. El negro Castro recibió su Cangrejo de Oro al investigar el entramado de un complejo acto criminal, que involucró a importantes personajes de la política. Ninguno de sus compañeros quiso investigar el caso, y él, impulsado por su olfato de sabueso, de

La puerta de las posibilidades

    La duda es un exigente impulso. La duda nos empuja por caminos desconocidos con el único fin de desentrañar la verdad y nos obliga a movernos. Yo soy un convencido, de que la duda, es también un elemento capaz de lograr el efecto contrario en ánimos desprevenidos, la duda puede conducirlos a esa esquina oscura en donde impera la parálisis, el desencanto y nos deja sumidos en la nada absoluta. Intento desde hace mucho encontrar una respuesta razonable, convincente, a la interrogante de la existencia del hombre, pero son mayores las dudas que las certezas. Los caminos me han conducido a vértices y abismos que no logro comprender, seguramente mi falta inteligencia, de conocimiento, de rigor en mis pesquisas, me impiden acceder a esa información y seguramente el destino le tiene reservada esa respuesta a otro con mayores créditos que los míos, pero aun así, mantengo el interés del explorador, la urgencia del que busca la verdad. Entre muchas teorías, algunos esgrimen la posibilidad de

Portero electrónico

  Portero electrónico  Tengo mi propio cementerio de ideas, mi personal depósito de cadáveres, de pensamientos caídos en combate, o liquidados antes de iniciar siquiera alguna acción. Con cierta frecuencia visito a estos muertos míos, para no dejarlos caer en el olvido, o en las sombras espesas de lo perdido sin remedio.    Yo me resisto a abandonar esas ideas en el saco de los desperdicios, en el hueco de los fracasos. Esas ideas que mantengo en suspenso, en descanso, son una parte importante de mi vida y por eso las conservo. No son recuerdos, son pensamientos firmes, que mantengo como una provisión alternativa  de posibilidades, para poder ejercer mi labor de creador.   Muchas de estas ideas son la respuesta obligada a momentos de ira, de impotencia ante hechos concretos y consumados. Pero más tarde, sosegado el ánimo, las intenciones de llevar adelante esos pensamientos surgidos del resentimiento se apagan en las aguas de la razón. Con los vientos calmos de la reflexión, esas terri

Un recuerdo audaz

  Con insistente perversidad el recuerdo lo acorrala, lo lleva una vez más con falsos apremios a la esquina en donde sabe que tambalean y fallan sus pobres defensas. El recuerdo lo castiga sin consideración y lo obliga a vivir nuevamente cada detalle del irresponsable impulso que hoy lamenta. Esa determinación de ayer que lo convirtió en un hombre  inflexible, un hombre, que en el remolino de sus triunfos y para no oír lamentos ajenos, se hizo insensible y creyó falsamente, que era dueño de su destino, que tenía en sus manos el horizonte de su futuro, que únicamente de su capacidad depende su mañana y no necesitaba ayuda, ni compañía, ni afecto alguno. Su padre, desde la lejana y deshabitada ausencia en la que se encuentra desde hace años, le recuerda, con el eco de su voz grabado en la memoria, que el hombre, no es más, que un animal de costumbres. Pero él es incapaz de acostumbrarse a estos ataques retorcidos a los que recurre el audaz recuerdo cada día, no puede acostumbrarse a esto

Desaparecidos sin tumba ni olvido

Llegué al D.F en México, luego de un viaje agotador. Necesité varios vuelos y conexiones en países diferentes y atravesar innumerables inconvenientes para participar en una reunión planificada con anterioridad. Mi presencia es necesaria para avalar un compromiso adquirido entre empresas hermanas y globalizadas. Llegado el momento, quienes debían presentarse a la reunión se excusaron, escurrieron el bulto, inventaron motivos y compromisos ineludibles, con el fin de faltar a un  encuentro, que únicamente responde al capricho de los mexicanos, ellos  necesitan esta reunión para inflar sus cuentas y justificar el gasto en sus balances. Con engaños y falsas promesas me cedieron la  representación de la empresa, un papel que no me corresponde. No pude negarme y preparé un viaje de urgencia, sin tomar ninguna previsión. Vivo en las orillas de la playa, mis pasos rozan la espuma esquiva de las olas, mis pies se cubren de ese encaje efímero, que luego desaparece entre las rocas, esas burbujas d