Huelepega
Solamente en tres encuentros se nos va la vida. En tres oportunidades el destino me hizo tropezar con Daniel, esas tres veces se han convertido en tres imágenes, en tres fotografías colgadas en las paredes blancas de mi memoria. De vez en cuando, una idea extraviada ilumina el recuerdo y se abre la boca de un túnel de sombras en donde me interno con pasos falsos y apoyado en oscuros pensamientos me topo con la desesperanza, ese mal que nos acecha. Mi primer encuentro con Daniel fue a las dos de la madrugada y casi me mata del susto, es una hora inusual para encontrarse con un niño en la calle, solo y en el mayor de los desamparos. En cambio, para mí, es la hora que habitualmente finaliza mi turno en el restaurante Alonzo. Desde hace dos meses soy mesonero en ese lugar y cada día, todos los días, sin falta y puntual, cumplo mi horario de trabajo. En la madrugada de ese primer encuentro con Daniel, caminé por las calles desalmadas y mal alumbradas de Sabana Grande, pasé por e...