Recibe esta carta desde más allá del más nunca, desde el confín del mundo, desde un punto perdido en el sur del continente. Hace seis años nos cruzamos y se me torció el destino, vestías sandalias, blue jeans y camisa blanca, yo regaba un jardín ajeno y en tus labios rosados llenos de promesas, con voz dulce y grave, como el sonido del viento cuando pasa por los arenales del desierto de Temuco cambiando la geografía, se asomaron tímidas las palabras “buenas tardes”. En tus ojos el brillo de un sueño, la luz inconfundible de la pasión por los libros; en esa hora el sol se ocultaba entre montañas, el cielo reventaba de colores, naranjas, ocres, rojos y dos nubes de formas caprichosas filtraban rayos dorados y púrpuras. Dejé la manguera y te seguí; ya no tuve ojos más que para ti, desde ese momento te pienso con insistencia, he querido una y mil veces hablarte, pero solamente pensarlo me paraliza de miedo, se me seca la boca, no puedo articular palabra, siento remolinos en el estómago, co...