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Tu huella de dientes blancos

Tu huella de dientes blancos en la noche sin estrellas aquella cuando perdí los gatos equivoqué el camino y se batieron alas en un cielo dormido.

La Muela

Muele la muela muele con mucho dolor que muele debajo de la encía A la bendita muela tomaste fotografía y tu hermanita que la veía asombrada decía que la muela de lado crecía Muele la muela muele con mucho dolor que muele debajo de la encía Alarmada saliste al doctor te fuiste al medico corriste a papá le dijiste Muele la muela muele con mucho dolor que muele debajo de la encía La muela de la cordura del juicio que si perdura tiene que ser muy dura como una cabalgadura Muele la muela muele con mucho dolor que muele debajo de la encía.

Vive tu instante viajera

El mundo se detuvo un instante cuando resonó detrás del teléfono, desde ciudades viejas, desde otras historias, tu voz con horas cambiadas, tu voz que me nombra. Se congeló la sangra en las venas, el corazón perdió su ritmo de tambor y a punto de reventar el pecho se repite la asfixia, el ahogo que me ataca, apenas apareces en mi camino. Se atropellan las palabras de tal manera entre los dientes, se enreda la lengua y el pensamiento de tal forma, que por instantes pierdo el sentido y solo atino a decir nos vemos. Luego el silencio sin calma. Cada paso que doy te busca a sabiendas de no encontrarte, la ciudad entera pronuncia tu nombre y no puedo dejar de pensarte, pero no te ocupes de mí, recuerda la consigna que acordamos: vive tu instante viajera.

El tiempo marca

El tiempo marca el camino inevitable al abismo insondable de los olvidos.

Plaza Tahrir

A lo lejos, mas allá de los océanos que conozco suenan disparos, huesos quebrados. Vive la muerte en las calles. En la plaza Tahrir converge una voz unánime por encima de los credos, se levantan gritos y banderas y coraje. Se repite en febrero la historia en defensa de la defensa. Vuelven los ojos del mundo asombrados a asombrarse.

Cata al Viento

Recibe esta carta desde más allá del más nunca, desde el confín del mundo, desde un punto perdido en el sur del continente. Hace seis años nos cruzamos y se me torció el destino, vestías sandalias, blue jeans y camisa blanca, yo regaba un jardín ajeno y en tus labios rosados llenos de promesas, con voz dulce y grave, como el sonido del viento cuando pasa por los arenales del desierto de Temuco cambiando la geografía, se asomaron tímidas las palabras “buenas tardes”. En tus ojos el brillo de un sueño, la luz inconfundible de la pasión por los libros; en esa hora el sol se ocultaba entre montañas, el cielo reventaba de colores, naranjas, ocres, rojos y dos nubes de formas caprichosas filtraban rayos dorados y púrpuras. Dejé la manguera y te seguí; ya no tuve ojos más que para ti, desde ese momento te pienso con insistencia, he querido una y mil veces hablarte, pero solamente pensarlo me paraliza de miedo, se me seca la boca, no puedo articular palabra, siento remolinos en el estómago, co...

Aparece

Aparece de una vez en este cielo Y colorea la mañana de naranja y rojo. Derrite este viernes, hazlo de acero líquido para el recuerdo de mi mala memoria Derrite estas calles, enceguece estos ojos ya vacíos de ver pasar el dolor con pasos ajenos ya vencidos sin remedio.