Una gota derramó el vaso
Al despertar confirmé el rigor del ensañamiento, el cerco de la violencia. La ración de miedo. Una vez más falta la luz. No logro aceptarlo. No lo soporto. Doy vuelta a la llave de la regadera y con creciente desilusión compruebo que también falta el agua. Sin bañarme, sin cepillarme los dientes, de mala gana, me visto en la oscurana. Contengo la ira. Bajo por las escaleras los 19 pisos que me separan de la calle. Camino hasta la parada del autobús y resignado hago mi primera cola del día, está más larga que de costumbre. Se dispara el fogonazo de un pensamiento y me asusta. Y si lo mando todo bien lejos. ¡Al mismísimo carajo! Otros pensamientos acuden de inmediato y sofocan el arrebato . Cuidadosamente envuelven este pensamiento. Lo amordazan con la letra incandescente de una sentencia. ¡No puedes darte ese lujo! Finalmente llego a las puertas del Ministerio para cumplir con desgano este turno de ocho horas, y esperar el pago del salario mínimo, a ver cómo me la...