Un hombre marcado
Un hombre marcado Estoy convencido que detrás de las esquinas se esconde el asombro de los sobresaltos, en esa grieta que se abre justo al final de la calle, en ese resquicio que se oculta de miradas inocentes, emboscadas, las sorpresas indiscretas esperan a los transeúntes desprevenidos y los atacan. Mido con el centímetro del miedo cada paso que me acerca al destino inaudito que me espera embozado detrás de un recodo, calculo los riesgos, pero es un ejercicio inútil, porque sin importar el resultado de mis complicadas operaciones, sigo adelante y con paso vacilante avanzo, incluso, en medio de la asfixia que me ataca de continuo. Al aproximarme a los bordes filosos de esos ángulos en donde desaparece la calle me lleno de sospechas y es inevitable sentir un temblor que recorre mi espina dorsal y acto seguido me falta oxígeno, tomo bocanadas de aire y aun así la sensación de ahogo persiste y únicamente desaparece en el momento que cruzo el incómodo vértice y el horizo...