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Las contadas horas: soldados inflexibles, marchan alineados bajo el orden riguroso de implacables agujas en punta de acero y feroces, consumen el día. Los minutos y segundos avanzan sin tregua sobre el campo minado de exigentes afanes, de obligaciones, deberes, labores impostergables. Detrás de legítimas tareas me acecha un enemigo: la sombra aguda del olvido. El silencio, filo de hielo, espacio de ausencias, amenaza duelo. Crecen mis temores, el demonio de la duda abre zanjas turbias, pero tu suspiro lleno de promesas, tu susurro comprometido se impone, me rescata, y me obliga a escribir estas líneas -agradecido-.