Es tres de Junio otra vez, la fecha se repite tenaz bajo el rigor del tiempo y permanece intacto en el recuerdo aquel lejano tres de junio del año noventa y nueve y confronta a la memoria, a sus consabidas tretas, a sus elegantes distorsiones. Con el habitual acento en la incertidumbre, -como todos los días-, ese día, también, la incertidumbre quiso teñir el porvenir de púrpura y de malva. Tercos y afortunados, con testigos cercanos, observadores embrionarios y el impulso incontenible de corazones desbocados, juramos ser círculo hasta el final de los días. Con gestos y miradas nuevas, con la palabra -siempre- con la misma vieja esperanza nos arropamos para renovar votos cada día. Por una ventana abierta hoy tres de Junio entran en tropel -a la carrera- veinticinco años y un suspiro. Mis hermanos cruzaron hace rato sin mayores alardes, sin anuncios, esta línea del tiempo, esta puerta de roble. Nosotros vislumbramos veheme...