A nuestras familias que huyen y pueblan el mundo. Muerdo con insistencia la carne amarga de mis temores, encierro entre los dientes la ácida ansiedad ante lo incierto. Cubro los desvelos de la zozobra y la mentira entre secretos silencios y evito contagiar a otros con este veneno que se vino escondido en las maletas. Me contenta este cielo azul, esta luna menguante, este helado amanecer, aquella estrella amorosa y atenta que acompaña cada uno de mis pasos, y las palabras que pronuncio dibujan con nuevos colores caminos sin heridas, sin esquinas, y si algún tropiezo se avecina, se atraviesa de improviso, y no se corresponden los tiempos, y se atrasan mis conjeturas, hablo de fuerzas que nos guían, del inmenso amor de nuestros muertos y de la ciega convicción de que fuimos elegidos. Y frente al miedo, al filo de su amenaza antepongo este amanecer, este cielo azul, esta terca luna en menguant...