Lejos, muy lejos, más allá de las uñas aterradoras de los bichos, de su aliento fatal, de sus malas intenciones, oigo la lectura de un informe. -Un relato espantoso-. Una voz de madre, sin adornos, inflexible, -solo una madre puede ser tan firme- descubre y describe en una lista de infamias, las infinitas formas que adopta el odio. El miedo me envuelve en áspero papel de lija. Una imagen me sobresalta y desordena mis sentidos, el horror vence una vez más a la razón y me arrincona. Mi hijo, con sus contados 12 años está rodeado por los bichos, sus rostros deformes por el odio amenazan a mi pequeño indefenso y con uñas pavorosas, cubiertas de sangre oxidada, de mugre antigua, de historia vieja, sacan los juguetes de mi hijo de una bolsa plástica y con ella lo asfixian. Me resisto a creer que son gente. Solo así se conducen los bichos. Los bichos, de condición cobarde, atacan armados, en enjambre Y s...