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Mostrando las entradas de mayo, 2024

05252024

Vieja y desdentada dictadura. Alerta!! Se han encendido las alarmas. Ya no puedes ocultar tu lengua de víbora amarilla afilada en la piedra de las mentiras. Te delata el olor  del  lodo y del soborno y te preceden los gritos de los hornos.  Hoy caminas con zapato roto y las promesas incumplidas no alcanzan para un voto. Alerta dictadura: Julio se acerca para instalar la dignidad. La fuerza no ayuda  para esconder las imposturas, las amenazas no espantan a las vendedoras de empanadas que quieren el abrazo de María y salir sonriedo en la fotografía. Retumba el paso firme de las mujeres,  de las madres, de las abuelas, que han vencido al hambre en cien batallas sin resignarse. La justicia no da treguas, el círculo se cierra y  Agosto será nuestro mes de la esperanza.

201805242024

  En la palabra escrita hay algo de piedra, de muralla de barrera de callada intención. En la palabra escrita están las puertas abiertas a la tempestad,   a la sal y a la espuma. Hay algo de viento que busca con insistencia olores familiares en la palabra escrita y hay también mucho de río indetenible. La palabra escrita  sin dudas, es el hondo camino que me lleva al silencio y al asombro.

201805232024

  Me afano con terca insistencia, me empeño en no quedarme pequeño y a fuerza de voluntad, de tenaz capacidad me empino más y más. Levanto la cabeza un palmo,  nada más un palmo y lo anoto en mi cuaderno como un triunfo. Trago zinc y vitaminas, consumo proteínas y pruebo cada nueva alternativa. No descanso no desmayo, todo el año desde Mayo.

05212024

Contrariando al tiempo, distorsionando el año, los recuerdos señalan  nuestro primer encuentro  en las orillas.

2018052024

El recuerdo: luminosa resurrección de los instantes. La distancia mide  los afectos y los odios depurados  hoy  en el tamiz del tiempo. Juegan en las sombras y se pierden entre grises en el falso equilibrio de la memoria.

El Gavilán 1980-2024

El Gavilán vive en las alturas de Quenepe, desde allí el mar es una apacible franja azul, un apresurado brochazo bajo un cielo atormentado. El Gavilán es un mulato grande, de pelo ensortijado, que camina como un pescador de redes vacías. Inquietos y traviesos los brazos danzan a los costados de su cuerpo recio, la cabeza en alto y el pecho abierto. Para más señas es Cumanés, comedor de cazabe, de ají chirel con caraotas negras, arroz blanco y pescado salado. El ojo izquierdo del Gavilán es azulado y permanece abierto con autonomía de movimiento. Por ese ojo perdido no ve colores, ni formas, ni siquiera siluetas, sólo sombras. El ojo derecho, en cambio, es profundo y oscuro, intenso, como el mismo fondo del mar.   El Gavilán no vuela, pero ha rodado por el mundo y sabe de todos los oficios habidos y por haber, sabe de trabajo duro. Se le endurecieron los pies en el camino de sus treinta y ocho años, siempre calzado con pesados zapatones de punta de hierro. El pellejo se le curtió de...