Agustín Torrealba camina sin cesar en círculos balbuceando lamentos, tiene un ataque de pánico, está prácticamente paralizado bajo los efectos perniciosos del culillo, descubre que su vida está amenazada, que corre un grave peligro, un peligro de muerte. Se ha convertido en un perseguido, en un objetivo militar Será acusado de ser uno de los cabecillas de una conspiración para asesinar al Presidente. Su delito es ser humorista, Torrealba tiene fama y reconocimiento internacional, pero además, es un férreo opositor a la dictadura de su país, fue él quien bautizó al dictador como Masburro, combinando el apellido con la condición que acompaña al flamante Jefe de Estado, su poca inteligencia. Su único aval para llegar a presidente electo, con dudosos votos, fue la designación en el lecho de muerte del anterior dictador. Agustín decidió no huir del país, debe enfrentar esta contingencia con las armas que mejor conoce: la inteligencia y el humor. Sabe perfectamente, cómo lo sabe el país...